Page 381 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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piernecillas  de  su  hermana.  Estiró  los  hombros  y  se

            acercó a la cabecera de la mesa para ver el resultado.


            Néstor había cosido las dos heridas con la pulcritud de

            un sastre, pero no las había cerrado del todo, pues en

            el centro de cada una de ellas sobresalía un extremo de


            la cánula.


                  —Hay que vigilarla para que no se apoye en esta

            sien y se haga daño —dijo Néstor.


                  —¿Para qué sirve ese tubo? —pregunta Gayo.


                  —Es un drenaje para que siga saliendo la sangre.


            Cuando tu hermana se cayó del árbol debió provocarse

            una  hemorragia  dentro  de  la  cabeza.  Minúscula,  sin


            duda;  pero  la  sangre  se  fue  acumulando  debajo  del

            hueso  y  llegó  un  momento  en  que  ese  hematoma

            empezó a presionarle el cerebro. Una herida invisible,


            pero mortal. Ahora la hemos curado.


                  —¿De verdad? ¿Se pondrá bien? —preguntó Julia

            mientras se frotaba los antebrazos, seguramente para


            aliviarse un calambre ahora que todo había pasado.


                  —Todo depende de los dáimones. Si se apoderan de

            la  herida  y  la  infectan...  He  tenido  todo  el  cuidado

            posible, pero habrá que esperar tres días para saberlo.



                  —Estoy  en  deuda  contigo,  Néstor  —dijo  Gayo,

            apretándole el hombro.


                  —Como ya he dicho, creo que deberías esperar tres



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