Page 422 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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del mundo.
—Cuando nuestros legionarios les presenten una
muralla de escudos, comprobarás cómo esas bestias
clavan los cascos en el suelo.
—Sin duda alguna. Aunque opino que para
mantener esa muralla de escudos, no os vendría mal
una fuerza de caballería rápida y maniobrable que
proteja vuestros flancos y evite que la infantería ligera
y los arqueros y honderos de Alejandro se acerquen a
hostigaros.
Gayo ya veía por dónde iba el embajador.
—¿Cuántos númidas puede prestarnos Cartago?
Eshumanazar soltó una carcajada. Sifax y Mulusa
volvían ya al cercado con los caballos de Gayo, pero el
púnico les hizo una seña para que siguieran trotando
un rato.
—Los romanos sois tan directos como las estocadas
de vuestras espadas —dijo después—. Es un damus
utei detis, como decís vosotros. Mil de nuestros jinetes
a cambio de mil legionarios con sus centuriones para
que instruyan a nuestra infantería y nos ayuden a
proteger la ciudad en caso de que Alejandro se decida
a atacarnos.
—No dudo que esos númidas sean valiosos, pero
por lo que cuentas su equipo es bastante barato. Si
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