Page 417 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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y se los presentó como Sifax y Mulusa, sobrinos del rey

            de Numidia. Ellos inclinaron la cabeza, se llevaron la


            mano al pecho y añadieron algo en un idioma que a

            Gayo le resultó ininteligible.


                  —La verdad es que los númidas son unos bárbaros


            atrasados  que  huelen  a  boñiga  de  cabra  y  están

            plagados  de  piojos,  pero  como  jinetes  no  tienen

            parangón —añadió Eshmunazar.


                  —Deben  de  sentirse  muy  halagados  por  tus


            palabras.


                  —Si te refieres a la primera parte de mi comentario,

            no te preocupes, noble tribuno: no hablan una palabra


            de  griego  ni  de  latín.  Pero  para  entenderse  con  los

            caballos  no  les  hace  ninguna  falta.  ¿Quieres

            comprobarlo?



                  —Me encantaría.


                  Se dirigieron hacia uno de los muchos cercados que

            había  en  el  campo  de  Marte.  En  él  pacían  varias

            decenas de caballos, atendidos por jóvenes rorarios de


            las legiones, que se dedicaban a retirar los excrementos

            con palas para mantener limpia la pradera y de paso

            usarlos como abono. Allí estaban los dos caballos que


            llevaba Gayo cuando iba de campaña. Su preferido era

            Pegaso, un espléndido macho blanco que procedía de


            la finca de Túsculo, una de las últimas que le quedaban.




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