Page 429 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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GALLOS EN EL CORRAL


                  La tienda de Alejandro había pertenecido  antes a

            Darío,  quien  la  había  dejado  abandonada  tras  su


            precipitada huida en la batalla de Iso. De paso, se había

            olvidado  de  su  esposa  y  hermana  Estatira  y  de  su


            propia  madre,  Sisigambis.  Las  damas  reales  habían

            caído en poder de Alejandro, junto con buena parte del

            tesoro real; él, con su caballerosidad innata, las había


            tratado como si fueran de su propia familia. Los que

            habían llegado a ver a Estatira antes de su muerte se

            hacían lenguas de su hermosura, que en opinión de la


            mayoría superaba incluso a la de Roxana. Pérdicas no

            sabía  qué  pensar,  salvo  que  ojalá  hubiera  muerto

            Roxana en lugar de Estatira. La difunta esposa de Darío


            parecía una mujer apacible y callada, y desde luego no

            se la imaginaba conspirando y envenenando como a la

            bactriana.



                  El pabellón real era más grande que cualquiera de

            las casas que ocupaban los macedonios en Posidonia.

            Se sustentaba sobre un auténtico bosque de postes de


            cedro, y sólo la lona de las paredes ocupaba cincuenta

            grandes sacos y pesaba otros tantos talentos. Merced a


            las cortinas bordadas y a los biombos de láminas de

            ébano y marfil podía dividirse en tantas habitaciones

            como  un  palacio.  Aunque  era  muy  aparatosa  y  se


            requerían dos o tres días para montarla, dependiendo



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