Page 431 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Peucestas.


                  Hubo  un  breve  intercambio  de  ocurrencias

            relacionadas  con  el  tamaño,  hasta  que  Alejandro


            levantó  la  mano.  Aquello  bastó  para  que  todos

            guardaran  silencio.  Mientras  los  demás  estaban


            sentados alrededor de la mesa, el rey se mantenía un

            poco apartado, en un sitial de madera dispuesto sobre

            un estrado cubierto de gruesos tapices.


                  A una señal de Alejandro, que por el momento no


            había  pronunciado  una  palabra,  Eumenes  prosiguió.

            En primer lugar informó sobre el rumor que corría por

            el campamento. Sí, era cierto que tres días antes había


            arribado una lancha con supervivientes de la Anfitrite.

            Aquellos hombres aseguraban haber sido testigos de


            una cruenta batalla, la primera que se libraba entre los

            romanos y las tropas de Alejandro. Pero en cuanto el

            capitán Hermolao vio que las tornas se volvían contra


            los macedonios, en lugar de esperar al desenlace del

            combate había ordenado a sus marineros levar anclas y


            alejarse de la orilla para evitar que la nave cayese en

            manos enemigas.


                  En cuanto a la propia refriega, todos los macedonios

            habían  muerto  o  los  habían  apresado.  Tan  sólo  tres


            arqueros cretenses se habían salvado huyendo entre la

            espesura.  Después  habían  cruzado  al  otro  lado  del

            promontorio que dominaba el campo de batalla y, al



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