Page 433 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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En opinión de Pérdicas, los cambios del cometa
Ícaro podían significar cualquier cosa; una vez
conocido el desenlace de la campaña contra los
romanos, ya se encargarían los adivinos de interpretar
y retorcer los presagios a su antojo y asegurar que ellos
ya lo habían previsto todo, victoria o derrota. Pero de
lo que Pérdicas estaba bien seguro era de que el fin del
mundo no iba a llegar ni ahora ni nunca.
En vista de que Alejandro no tomaba la palabra,
Alcetas, general del cuarto batallón, se animó a
intervenir. Era el padre de Gavanes y hermano menor
de Pérdicas, aunque la calvicie le hacía parecer más
viejo.
—¡Yo no me lo creo! —dijo—. Para vencer a nuestros
hombres en igualdad de condiciones los romanos
tendrían que ser mejores soldados. Me niego a aceptar
eso. Tiene que ser un engaño, o un error.
—Ahórranos tus discursos sobre la superioridad
macedonia —dijo Teodoro, el más joven de los
generales, al mando del sexto batallón.
—¡No estoy soltando ningún discurso! —exclamó
Alcetas, que, aparte del pelo, se diferenciaba de
Pérdicas por lo áspero de su carácter. No era de
extrañar que Gavanes buscara más la compañía de su
tío que la de su padre—. Nuestros soldados son
profesionales que cobran una paga, entrenan todo el
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