Page 435 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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mandaría el ejército en ese caso? Le bastó echar una
mirada a su alrededor para comprender la respuesta:
él. No era el mayor de los presentes, pues Meleagro y
el tuerto Antígenes le superaban en edad, pero podía
alegar a su favor una experiencia larga y variada en
diversos puestos de mando, y estaba casado con la
hermana del rey. Además gozaba del apoyo de Alcetas
y también el de Átalo, general del tercer batallón, que
estaba casado con su hermana Atalante. Entre Pérdicas
y su cuñado no había demasiada simpatía, pero llegado
el momento Átalo votaría por él a cambio de ciertas
prebendas.
—Voy a enseñaros algo que uno de los cretenses se
trajo de recuerdo —dijo Eumenes.
Pérdicas salió de su momentánea ensoñación. Sobre
la mesa había un objeto envuelto en un lienzo.
Eumenes lo deslió y les enseñó un venablo. El asta de
madera llegaba hasta unos dos tercios de su longitud,
y a partir de ahí el resto era una larga vara de hierro
rematada por una punta en forma de pirámide. El
secretario de Alejandro apoyó el proyectil sobre el
dorso de su mano y lo sostuvo en equilibrio para que
todos pudieran comprobar la destreza de su
manufactura. Pérdicas se levantó del asiento y lo cogió.
Era pesado, pero parecía manejable y la labor de
metalurgia era excelente.
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