Page 534 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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en él, y de que eso significaba que su familia iba a sufrir

            una  pérdida  terrible.  Y  aunque  en  el  pasado  había


            fantaseado  con  la  idea  de  que  Pérdicas  muriera  en

            combate, lejos de su madre, ahora, visto el miedo que

            provocaba en él un mocoso de seis años como Ego, Neo


            se daba cuenta de que no estaba preparado para ser el

            hombre de la casa. Y quizá nunca lo estaría.


                  —Vete a jugar al jardín con tus hermanas —le dijo


            su madre.


                  Neo  levantó  la  mirada.  Su  madre  tenía  los  ojos

            llenos  de  lágrimas.  Siempre  le  resultaba  muy

            embarazoso verla llorar, así que la obedeció. Pero antes


            de salir del atrio, se dio la vuelta y vio que Cleopatra se

            reunía  junto  al  estanque  con  Roxana  y  que  ésta  la


            abrazaba. Ego no estaba a la vista; Neo rezó para que

            se hubiera quedado en la mansión de Alejandro.


                  Ése  si  que  se  podía  morir,  pensó  sin  el  menor


            remordimiento.


                  Al  salir  al  jardín  oyó  los  gritos  de  Cadmia,  y

            enseguida los chillidos mucho más agudos de Berenice.

            Neo  echó  a  correr  y  rodeó  la  casa,  hasta  llegar  a  un


            amplio plátano cuya sombra cubría desde la pared de

            la mansión hasta la tapia. Allí estaban las dos niñas;

            Cadmia  tenía  abrazada  a  Berenice,  que  había


            escondido la cara en el regazo de su hermana y lloraba

            con estremecedores hipidos.


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