Page 530 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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Pérdicas pensó que, a su lado, Cleopatra era como la
luna que palidece al hacerse de día. Pero ahora, al
quedarse los dos solos, la luna volvía a asomar, y su
sosegada belleza le recordaba a Pérdicas cuánto amaba
a su esposa.
—¿Por qué ese ceño? —le preguntó ella, tomándole
de la mano. A Pérdicas le vinieron mil razones a la
cabeza, pero sólo le confesó una.
—Ha llegado Crátero.
—¿Es eso tan grave?
—Ahora me lo robará todo. Me convertiré en el
segundo actor, si es que Alejandro no me pasa
directamente al coro.
—Eres un exagerado. Mi hermano confía en ti y te
necesita.
—No debe confiar tanto en mí cuando no es capaz
de entregarme ni tan siquiera una embajada. ¿Por qué
me humilla poniendo a Crátero delante de mí como si
fuera mi tutor? ¡Que vaya él solo! No hace falta enviar
a dos generales.
—Tal vez Alejandro no se fía de Crátero tanto como
tú crees, y por eso te manda a su lado para que lo
vigiles. —Cleopatra bajó la voz—. Imagínate que
Crátero intenta llegar a un acuerdo por su cuenta con
los romanos. ¿Quién sabe?
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