Page 618 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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con sinceridad. Siempre le había tenido aprecio, sin las

            reservas de otros generales como Seleuco, Peucestas o


            el  propio  Pérdicas,  envidiosos  de  la  confianza  que

            había entre el médico y Alejandro—. Temíamos por tu

            vida.



                  —Después  de  la  batalla  no  he  corrido  ningún

            peligro. Los romanos son buenos anfitriones. Aún así,

            agradezco mucho tu interés.


                  —Hay alguien que me temo que sí corre peligro —


            dijo Crátero, mirando a ambos lados para cerciorarse

            de que no había nadie cerca.


                  —¿A quién te refieres?


                  —Al gran hombre en persona —respondió Crátero,


            bajando aún más la voz—. Él dice que no le pasa nada,

            pero no es cierto. No está bien. Hacía tres meses que no


            le veía, y le he notado distinto.


                  —¿Alguna señal concreta?


                  —Mientras hablaba conmigo le vi frotarse la cabeza

            más de una vez, aunque intentaba disimular. Se notaba

            que le dolía mucho.



                  —Eso no es tan raro. ¿Algún otro síntoma más?


                  —No sé, sólo estuve un rato con él. Pero he hablado

            con otra gente. Eumenes me ha dicho que le ha visto


            quedarse  adormilado  en  mitad  de  una  junta  de

            generales,  y  también  sospecha  que  a  ratos  pierde  la


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