Page 621 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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sólo me produce asco. Me estoy muriendo, Néstor. Se

            acerca el momento, y quiero que mi espíritu esté limpio


            como un cristal y sea ligero como una pluma.


                  —Pues  ya  que  quieres  estar  limpio,  deja  que

            examine tu espalda.


                  Como  el  empiema  había  desaparecido,  dos  días


            antes  Néstor  había  retirado  el  drenaje  y  cosido  la

            herida. Ahora bajó la túnica y comprobó que los puntos

            no se habían infectado.


                  —Esta noche alguien vino a verme en sueños —dijo


            Aristóteles.


                  —¿Era yo otra vez?


                  —No.  Ahora  se  trataba  de  mi  maestro  Platón.


            ¿Sabes  una  cosa?  Nunca  quise  creer  que  los  sueños

            anticiparan  el  futuro.  Siempre  pensé  que  la  única

            precognición  que  se  podía  extraer  de  ellos  era  el


            conocimiento del estado de salud del soñante, pues los

            síntomas que no se perciben durante la vigilia penetran

            en la conciencia cuando ésta se relaja durante la noche.


                  —Es una forma de verlo —dijo Néstor, escéptico, y


            volvió  a  subirle  la  túnica.  En  cierto  sentido  el  viejo

            filósofo  estaba  mejor  que  doce  días  atrás,  cuando  le


            practicó  la  punción  en  la  membrana  pleural,  pues

            respiraba  mejor  y  sentía  menos  dolores.  Pero  había

            adelgazado  aún  más,  y  cuando  Néstor  lo  acomodó




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