Page 620 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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voces y la música de la fiesta, aunque no se distinguía

            más que alguna palabra suelta. El filósofo,  reclinado


            sobre los almohadones, tenía al lado un plato con fruta

            y  verdura,  y  también  un  poco  de  queso.  Cuando  se

            quedaron a solas, Néstor se sentó junto a la cama y le


            preguntó:


                  —No te he visto probar la carne en todos estos días.

            ¿Por qué? ¿Te has vuelto pitagórico de repente?


                  —¿Qué es lo que se ofrece en los sacrificios a los


            difuntos?


                  —Sangre —respondió Néstor, sin entender.


                  —Exacto. Así lo han dispuesto los dioses, para que

            ese fluido negro y viscoso embote y oscurezca las almas


            de los difuntos, y de ese modo no puedan ascender a

            un estadio divino que los iguale a los inmortales. La


            carne es rica en sangre, y por eso mismo nubla la mente

            y provoca sopor.


                  —Sobre todo si se acompaña de un buen vino.


                  —En cambio —continuó Aristóteles, sin hacer caso

            de la broma—, si se comen sólo vegetales el cuerpo se


            hace más ligero y la mente menos tórpida.


                  —¿Has practicado el vegetarianismo toda tu vida?


                  Aristóteles soltó una carcajada ronca.


                  —En tiempos me gustó mucho la carne, pero ahora





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