Page 623 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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encontrarse en sus obras. Al parecer, aunque siempre

            se había mostrado más apegado a la realidad material


            que su maestro Platón, la proximidad de la muerte lo

            estaba convirtiendo en un místico.


                  —La psique —prosiguió Aristóteles— es capaz de


            desplegar su máxima potencialidad cuando el cuerpo

            está dormido o, como el mío, a punto de morir. Pero

            hay hombres capaces de morir sin morir y de soñar sin


            estar dormidos.


                  Morir sin morir. Aquella frase volvió a provocarle a

            Néstor esa comezón interna y, por alguna razón, le hizo

            pensar en su aparición en Delfos.



                  —Esos hombres no pierden el control de su alma

            como sucede en el sueño o como pasa al morir, cuando

            Hermes lleva a los espíritus de los muertos, quieran o


            no, a su lugar de destino. No, los hombres de los que

            hablo  son  capaces  de  viajar  a  su  antojo  libres  de  las


            ataduras del espacio y del tiempo.


                  —¿A qué hombres te refieres?


                  —A Epiménides el cretense, por ejemplo. Cuentan

            que cuando era niño su padre lo envió a buscar una

            oveja a una cueva. Al entrar en ella se quedó dormido,


            y  su  letargo  duró  durante  cincuenta  y  siete  años.

            Cuando  despertó,  sus  padres  habían  muerto  y  su


            hermano pequeño era un viejo.




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