Page 613 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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o escuchar sus opiniones, se había lanzado a soltarle

            una  conferencia  de  medicina.  Sus  palabras  eran  un


            runrún en el que se mezclaban los cuatro humores (la

            sangre,  la  flema  y  las  dos  bilis)  con  fracturas  y

            pestilencias  de  todo  tipo.  A  Néstor  no  le  importaba.


            Mientras  fingía  prestar  atención  a  la  perorata,  podía

            quedarse  un  poco  apartado  y  observar  a  los  demás,


            como a él le gustaba.


                  Condenada  Clea,  ¿por  qué  estaba  cada  día  más

            guapa?  Se  dijo  con  cierta  sorna  que  quizá  perder  la

            virginidad  por  segunda  vez  embellecía  mucho.  Era


            como  si  la  joven  irradiara  una  luz  interior,  hasta

            entonces amortecida.


                  Gayo Julio y Clea estaban hablando dentro de un


            corrillo  de  cuatro  hombres  y  dos  mujeres.  En  ese

            momento  se  les  unieron  Julia  y  Escipión,  los

            anfitriones, que traían con ellos a otros dos invitados.


            Néstor  enarcó  las  cejas:  eran  Crátero  y  Pérdicas.  De

            modo  que  les  habían  permitido  entrar  al  dichoso


            pomerium. Observó cómo los romanos saludaban a los

            dos macedonios no sólo con cortesía, sino incluso de

            forma  cordial.  Ya  había  observado  a  menudo  esa


            conducta entre desconocidos que, a sabiendas de que

            en breve se matarían en el campo de batalla, parecían

            sentir  por  el  enemigo  una  mezcla  de  curiosidad,


            admiración y respeto.



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