Page 624 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—Se ve que era una cueva encantada.


                  —Algunos dicen que se trataba de la gruta donde

            había nacido Zeus. El caso es que Epiménides viajó por


            otros mundos durante esos cincuenta y siete años y así

            adquirió la sabiduría de muchas vidas. Por cierto, él


            tampoco  comía  carne,  sólo  vegetales  con  los  que  se

            preparaba un caldo que comía dentro de una pezuña

            de buey.


                  Néstor  pensó  en  la  pezuña  de  burro  que,


            presuntamente,  había  servido  para  transportar  a

            Babilonia  el  veneno  preparado  por  Aristóteles  para

            matar a Alejandro. Pero no dijo nada.



                  —Cuando murió y fueron a enterrarlo —prosiguió

            el sabio—, se descubrió que tenía toda la piel tatuada.

            Según la opinión de algunos, eso significa que era un


            esclavo.  Yo  más  bien  creo  que  si  estaba  tatuado  era

            porque había tenido trato con los tracios y los escitas, o


            incluso porque él mismo era un escita. Pues sé que al

            norte  del  Ponto  y  del  mar  Hircanio  habitan  pueblos

            donde ciertos hombres sabios, que también se tatúan el


            cuerpo,  se  ejercitan  en  prácticas  ascéticas  largas  y

            severas.  De  ese  modo  consiguen  que  su  cuerpo  no

            tenga poder sobre su alma y pueden soltar a su antojo


            las cadenas que sujetan su espíritu.


                  —Chamanes —dijo Néstor.





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