Page 65 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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—No lo sé, noble señor. Hace un rato que no veo a
Nina... Pérdicas buscó entre los pajes y eligió a
Lisanias.
—La esclava de la malla de plata. Seguro que te has
fijado en ella.
—Sí, señor —contestó el paje, ruborizándose.
—Tal vez no haya tenido tiempo ni de cambiarse.
Buscadla y traedla ahora mismo. Te hago a ti
responsable.
—¡A la orden, señor!
Lisanias escogió a cuatro jóvenes más. Cuando se
iba, Pérdicas le agarró por el codo.
—Que nadie le toque un pelo, por muy desnuda
que la veáis. Alguien ha querido asesinar al rey, y esa
mujer va a confesarlo. Pero me lo va a confesar a mí,
¿entendido, Lisanias?
—¡Sí, señor!
A sus espaldas, Pérdicas oyó unas fuertes arcadas,
y luego el chapoteo de unos vómitos sobre las losas del
suelo. Por lo escandaloso del ruido, Alejandro debía de
haber expulsado de golpe las seis cotilas de la copa de
Heracles y alguna más. Pérdicas prefirió no volverse a
mirar.
—Ahora sujetadle y traed mantas —oyó decir al
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