Page 62 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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se había convertido en lengua franca de todos los
griegos, y la hablaba con fluidez, pero con un acento
extraño e inidentificable. Sus ojos se posaron un
segundo en Pérdicas y éste se estremeció.
Sí, el mismo Apolo estaba detrás de esas pupilas.
Nada bueno podía traer ese Néstor.
—Deja que yo mismo le eche, Alejandro —susurró
Pérdicas.
—Espera —respondió Alejandro, y añadió
dirigiéndose al forastero—: ¿Curarme de qué, Néstor el
médico? Me encuentro perfectamente.
—Te acaban de envenenar.
—Eso es ridículo. En mi...
Alejandro se interrumpió de golpe, aferró el
hombro de Pérdicas con fuerza, se apretó el estómago
como si le acabaran de asestar una puñalada y se dobló
sobre sí mismo. Néstor se acercó extendiendo las
manos y Pérdicas desenvainó el cuchillo que llevaba
bajo la túnica para detenerle. Pero Alejandro le detuvo
con un gesto, mientras trataba en vano de enderezarse.
—¡No! Déjale... Es una señal...
Pérdicas retrocedió un par de pasos. Era consciente
de que la sangre le había huido del rostro, pero nadie
le prestaba atención. Peucestas y Ptolomeo se estaban
llevando a Alejandro para tenderlo en un diván que
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