Page 900 - Negrete Javier - Alejandro Magno Y Las Aguilas De Roma
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uno en uno. Voy a sobornarlos a todos juntos. Les voy

            a doblar la espina dorsal a fuerza de cargarlos de oro.


            Voy a hacerlos asquerosamente ricos. Serán la nueva

            Babilonia  de  Occidente.  ¿Habéis  visto  a  algún

            babilonio que sea buen soldado?



                  La  razón  de  Alejandro  para  visitar  el  templo  de

            Júpiter  Óptimo  Máximo  no  era  realizar  ningún

            sacrificio  ni  hacer  una  visita  de  cortesía  a  su  padre


            divino. Había oído hablar de los Libros Sibilinos, y la

            historia  de  cómo  habían  llegado  a  poder  del  rey

            Tarquinio había despertado su curiosidad. Tal vez en


            aquellos  libros  encontrase  alguna  orientación  más

            precisa que en el mensaje de Aristóteles. Al filósofo ya

            no  podría  consultarle,  pues  había  muerto  dos  días


            después de hablar con Néstor por última vez.


                  Cuando entraron al templo, les salió al encuentro el

            decenviro  que  hacía  guardia  esa  noche.  Néstor  lo


            reconoció:  era  Sempronio,  el  mismo  que  había

            interpretado que él y Clea debían ser enterrados vivos.


                  —No  puedes  consultar  los  libros.  Sólo  el  Senado


            puede dar autorización, y sólo los decenviros para las

            cosas sagradas podemos verlos —le dijo en griego.


                  —Puedes ser un hombre muy rico o puedes morir

            ahora  mismo  —respondió  Alejandro,  que  se  estaba


            hartando de las mil normas y prohibiciones religiosas

            de esa ciudad—. Tú eliges.


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