Page 242 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Los zánganos comprendieron lo que sucedía a tiempo

          para  cerrar  la  cámara  de  la  reina  y  la  sala  de  pilotaje.


          También cerraron las puertas que conducían «afuera», al

          ecotat.


                 Esto  desquició  a  los  rajos.  Al  no  contar  con  una

          provisión de cadáveres y no tener acceso a las babosas,


          enloquecieron, y empezaron a devorarse entre sí, a comer

          a sus parejas, a su propia prole.


                 Pero en su frenesí irrumpieron en cuatro de los tubos


          destinados a las vagonetas. Los rajos que estaban dentro

          del  ecotat  juntaban  babosas  y  las  cargaban  en  las


          vagonetas,  pero  en  realidad  alimentaban  a  los  rajos

          salvajes.  Solo  una  vagoneta  seguía  llevando  babosas

          innecesarias al cubil de la reina. Los rajos lo permitían


          porque  recibían  abundante  comida  de  las  otras  cuatro.

          Sus mentes diminutas no pensaron en buscar más.


                 Ender  percibía  todo  esto  a  través  de  las  visiones  y

          sentimientos que le proyectaban en la mente. Libraba una


          lucha  constante  por  entender  lo  que  veía,  pero  nunca

          perdía de vista la vehemencia con que le «hablaban» los

          zánganos a través de su delegado.



                 Sabían quién era él. Es decir, sabían quiénes eran los

          humanos.  Recordaban  la  pesadumbre  de  la  Reina

          Colmena  cuando  experimentó  la  pérdida  de  las  otras





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