Page 240 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


                 Por eso fueron al timón. Era la tarea más importante.

          Ya no podían ver lo que sucedía. Pero tenían que ver, y


          como no había ninguna reina hija a la cual adherirse, para

          restaurar la red de visiones, los zánganos fueron al timón

          por su cuenta.


                 Una  vez  allí  (es  decir  aquí,  comprendió  Ender)


          sacaron los cuerpos de las obreras de sus asientos y los

          dejaron flotar. Los zánganos recordaban todas las tareas


          que las obreras realizaban mientras los zánganos estaban

          en la mente de ellas, y llevaron a cabo esas tareas. Vigilar

          los instrumentos. Mirar por las ventanas.



                 Seguían  vigilando.  Monitoreando.  Porque  era

          menester realizar esa tarea. No se preguntaban si tenía

          sentido realizarla, sin una reina que repoblara la nave de


          obreras. Hacían lo que había que hacer, mientras tuvieran

          la capacidad de hacerlo.


                 Al principio intentaron hacer el mantenimiento, pero

          pronto desistieron, pues los rajos que debían realizar el


          trabajo de limpieza estaban volviéndose salvajes. Su tarea

          consistía  en  comer  todo  lo  que  estuviera  derramado  o

          muerto en los corredores. Cuando murieron la reina y sus


          obreras,  se  dieron  un  atracón  de  fórmicos  muertos  en

          toda  la  nave.  Era  su  trabajo.  Los  zánganos  incluso  les


          permitieron entrar en el timón para que despedazaran y

          consumieran los cuerpos de las obreras.


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