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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card
Por eso fueron al timón. Era la tarea más importante.
Ya no podían ver lo que sucedía. Pero tenían que ver, y
como no había ninguna reina hija a la cual adherirse, para
restaurar la red de visiones, los zánganos fueron al timón
por su cuenta.
Una vez allí (es decir aquí, comprendió Ender)
sacaron los cuerpos de las obreras de sus asientos y los
dejaron flotar. Los zánganos recordaban todas las tareas
que las obreras realizaban mientras los zánganos estaban
en la mente de ellas, y llevaron a cabo esas tareas. Vigilar
los instrumentos. Mirar por las ventanas.
Seguían vigilando. Monitoreando. Porque era
menester realizar esa tarea. No se preguntaban si tenía
sentido realizarla, sin una reina que repoblara la nave de
obreras. Hacían lo que había que hacer, mientras tuvieran
la capacidad de hacerlo.
Al principio intentaron hacer el mantenimiento, pero
pronto desistieron, pues los rajos que debían realizar el
trabajo de limpieza estaban volviéndose salvajes. Su tarea
consistía en comer todo lo que estuviera derramado o
muerto en los corredores. Cuando murieron la reina y sus
obreras, se dieron un atracón de fórmicos muertos en
toda la nave. Era su trabajo. Los zánganos incluso les
permitieron entrar en el timón para que despedazaran y
consumieran los cuerpos de las obreras.
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