Page 250 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


          zánganos  luchaba  contra  los  rajos  atacantes,  algunos

          echaban a volar, esquivando a los rajos. Iban al ecotat y


          entraban por un portal que solo ellos conocían. Los rajos

          salvajes no podían atravesarlo.


                 Dentro  del  ecotat,  juntaban  todas  las  babosas  que

          podían  y  luego  regresaban,  volando  lentamente,


          cargados con las babosas.


                 Al  aproximarse  al  timón,  se  arrancaban  un  par  de

          babosas  y  las  arrojaban  cerca  de  la  horda  de  rajos  que


          acometía contra la puerta. Los rajos se ponían a comer

          frenéticamente. Mientras estaban distraídos, la puerta se


          abría de nuevo y los zánganos entraban con las babosas

          restantes.


                 En ocasiones un rajo se daba cuenta y daba un brinco,

          lanzando  un  zarpazo.  Los  zánganos  perecían  con  los


          siglos,  uno  por  uno.  Y  a  medida  que  quedaban  menos

          zánganos, era más difícil combatir contra los rajos de la

          puerta, y más peligroso.


                 Interrumpieron las expediciones al ecotat. En cambio,


          entreabrían  la  puerta  y  la  cerraban  al  instante.  Luego

          luchaban contra los rajos que entraban, los mataban, los


          pelaban, los comían.


                 Pero la carne era repulsiva, y además perdían más

          zánganos al enzarzarse con los rajos que entraban. Había




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