Page 251 - Sombras En Fuga - Orson Scott Card
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Sombras en fuga ‐ Orson Scott Card


          pasado mucho tiempo desde la última vez que se habían

          animado  a  hacerlo.  Habían  ayunado.  Dos  zánganos


          habían  muerto  de  hambre.  Los  demás  comieron  sus

          cuerpos. No era algo extraño entre los fórmicos, pues la

          reina comía los zánganos que ya no le resultaban útiles, y


          luego  hacía  que  un  huevo  empollara  un  zángano  y  lo

          ponía  en  reemplazo  del  que  había  comido.  En  una

          palabra, los zánganos eran deliciosos.



                 Así era como habían sobrevivido estos cinco.


                 Ender metió la mano en el maletín de muestras y sacó

          las  dos  babosas  que  había  juntado.  Aún  estaban  vivas;


          Ender  tenía  un  claro  recuerdo  de  las  imágenes  de  los

          zánganos alimentándose de babosas, así que ahora pensó

          en ellas como deliciosas, aunque los humanos no podían


          metabolizar  la  mitad  de  las  proteínas  de  sus  cuerpos

          ondulantes.


                 El  zángano  mensajero  dejó  que  los  demás  se

          alimentaran  primero.  Los  zánganos  eran  pequeños,  y


          Ender notó que aun un trozo de babosa era una comida

          sustanciosa.


                 Guardaron  buena  parte  de  ambas  babosas  para  el


          zángano que hablaba con el humano. Él comió último y

          comió mejor.








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