Page 111 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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hileras de tiendas llamativas para acercarse a una atracción
aterradora, peligrosa y multicolor, una especie de gigantesca
rueda en la Feria de Hiél, hacía veinte años. Alguien (nunca
supo quién, alguna viandante khepri, un puestero indulgente)
le había entregado una manzana dulce que había comido con
reverencia. Aquella fruta caramelizada era uno de los pocos
recuerdos agradables de su niñez.
Lin se acomodó en la silla y esperó a que sus amigos
terminaran con los preparativos. Sorbía té dulce de la
esponja, pensando en aquella manzana. Esperaba con
paciencia la visita a la feria.
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