Page 113 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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rodeados  por  trozos  de  papel  rasgado,  olvidado  y

            enmarañado por el viento. Las sendas se entrelazaban por

            todo  el  parque,  conduciendo  a  lagos,  macizos  de  flores  y

            áreas  de  maleza  desatendida,  así  como  a  las  viejas  ruinas
            monásticas en el centro de aquel inmenso campo.


                Lin y Cornfed, Isaac y Derkhan y todos los otros paseaban

            por las enormes atracciones de acero roblonado, de hierro

            pintado  de  colores  chillones  y  luces  siseantes.  Sobre  sus

            cabezas se producían chillidos de emoción procedentes de

            los diminutos coches colgados de escuálidas cadenas. Cien
            maníacas  y  alegres  melodías  distintas  se  mezclaban

            procedentes  de  cien  motores  y  órganos,  una  molesta

            cacofonía que flotaba a su alrededor.


                Alex masticaba nueces caramelizadas; Bellagin, carne en
            salazón; Brote en los Muslos había comprado pulpa acuosa,

            deliciosa para los cactos. Se tiraban comida los unos a los

            otros, tratando de capturarla al aire con la boca.


                El  parque  estaba  lleno  de  visitantes  que  lanzaban  aros
            sobre palos verticales y disparaban arcos infantiles tratando

            de adivinar bajo qué copa se encontraba la bolita. Los niños

            gritaban emocionados y tristes. Prostitutas de todas las razas,

            géneros y descripciones se mostraban exageradas entre los

            puestos, o aguardaban junto a las cervecerías para guiñar a

            los transeúntes.

                El grupo se desintegró poco a poco al pasar por el corazón

            de la feria. Aguardaron un minuto mientras Cornfed hacía

            demostración de su puntería con el arco: ofreció ostentoso

            sus premios, dos muñecas, a Alex y a una joven y hermosa

            prostituta que aplaudía su triunfo. Los tres desaparecieron

            cogidos de los brazos en la multitud. Tarrick se demostró



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