Page 183 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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—Aaaaah, me encanta —musitó él—. Más, te lo suplico.
Derkhan obedeció.
Al fin salió de la bañera, que parecía la escena de un
violento asesinato. Vació el limoso residuo a un canal abierto
en el suelo, y lo oyeron golpear la pared.
Benjamin se puso una gruesa bata y miró a Derkhan.
— ¿Vamos a nuestros asuntos, cariño? —le dijo, guiñando
un ojo.
—Dígame qué servicios desea, señor.
Dejaron el baño. Al final del pasillo, visible gracias a la
luz de la claraboya, estaba el cuartito en el que dormía
Benjamin. Cerró la puerta con llave tras ellos. La estancia era
como un pozo, mucho más alta que ancha. Otra ventana
mugrienta se abría en el techo. Los dos pasaron por encima
del colchón y se acercaron al desvencijado armario, una
reliquia de grandeza moribunda que contrastaba en aquel
paisaje desolado.
Benjamin lo abrió y apartó algunas camisas grasientas.
Tanteó los orificios practicados estratégicamente en el fondo
del mueble y, con un pequeño gruñido, lo levantó. Lo volvió
con cuidado y lo depositó sobre el suelo del armario.
Derkhan observó el pequeño umbral de ladrillo que
Benjamin había desvelado mientras él buscaba en una balda
del mueble y sacaba una caja de cerillas y una vela. Encendió
el cirio en una descarga de azufre, escudándolo del aire frío
que se filtraba desde la habitación oculta. Con Derkhan
detrás, atravesó el umbral e iluminó el despacho del
Renegado Rampante.
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