Page 179 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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hombres  perseguían  a  los  puercos  de  forma  cómica  en  el

            pequeño  espacio.  Los  animales  chillaban  como  bebés

            mientras corrían. El redil llevaba a una abertura semicircular

            de casi metro y medio de diámetro practicada en el suelo.
            Derkhan  echó  un  vistazo  por  ese  espacio  para  estudiar  el

            fétido  agujero  que  se  abría  tres  metros  abajo,  apenas

            iluminado por lámparas de gas que parpadeaban inseguras.

            La  madriguera  siseaba,  tronaba  y  resplandecía  ante  la  luz

            rojiza. Las figuras iban y venían bajo ella, dobladas por sus

            cargas macilentas como las almas de un infierno horripilante.

                Un  umbral  sin  puerta  a  su  izquierda  la  llevó  escaleras

            abajo, hacia el matadero enterrado.




                Allí, el calor de la primavera parecía magnificado por una

            energía  infernal.  Derkhan  sudó  y  se  abrió  paso

            cuidadosamente entre las carcasas balanceantes y los charcos

            de sangre coagulada. En el fondo de la estancia, un anillo

            elevado arrastraba pesados ganchos de carne en un circuito
            inexorable  que  desaparecía  en  las  oscuras  entrañas  del

            osario.


                Incluso el brillo de la luz reflejada en los cuchillos parecía

            filtrado en aquella siniestra penumbra. Se cubrió la nariz y la

            boca con un pañuelo y trató de no dar arcadas por el pútrido

            y pesado hedor de la sangre y la carne caliente.

                Al fondo del lugar vio a tres hombres reunidos bajo el arco

            abierto que había visto desde la calle. En aquel lugar siniestro

            y mefítico, la luz y el aire de la Perrera que se filtraban desde

            arriba eran como lejía.

                Ante  alguna  señal  inadvertida,  los  tres  matarifes  se

            incorporaron.  Los  porqueros  en  el  callejón  habían


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