Page 178 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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discutía feroz con un vodyanoi, y el resto del numeroso
grupo abucheaba a ambos por igual.
Los niños siseaban para pedirle unos estíveres a Derkhan
al pasar junto a ellos. Los ignoraba, pero sin apretar el bolso
contra su cuerpo para no identificarse como una víctima.
Caminaba agresiva por el corazón de la Perrera.
Las paredes a su alrededor se sellaron de repente sobre su
cabeza al pasar bajo los puentes desvencijados y los cuartos
tambaleantes construidos como parte de la basura
circundante. El aire en su sombra goteaba y crujía ominoso.
De su espalda llegó un tosido, y Derkhan sintió una bocanada
de aire en el cuello cuando un draco realizó un picado
acrobático en el corto túnel y se elevó de nuevo hacia los
cielos, cacareando enloquecido. Derkhan se apartó como
pudo y se echó contra la pared y sumó su voz al coro
indignado que el draco dejaba a su paso.
La arquitectura a su alrededor parecía gobernada por
reglas muy distintas a las del resto de la ciudad. Allí no había
sentido funcional alguno. La Perrera parecía nacida de
conflictos en los que sus habitantes no pintaban nada. Los
nudos y celdas de ladrillo, madera y hormigón ennegrecido
se habían rebelado y extendido como tumores malignos.
Derkhan tomó un mohoso callejón sin salida y miró a su
alrededor. Un caballo rehecho esperaba en el otro extremo,
sus patas traseras enormes martillos movidos por pistones.
Tras él había un carro cubierto junto a la pared. Cualquiera
de las figuras de mirada muerta podía ser un informador de
la milicia, un riesgo que tenía que asumir.
Se abrió paso hasta el carro, del que habían bajado seis
cerdos hasta una pocilga improvisada junto al muro. Dos
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