Page 197 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Lin contempló las gigantescas torres del Páramo del
Queche. Podía ver figuras diminutas que cabalgaban las
corrientes ascendentes creadas por las construcciones
revolteando sobre ellas. El taxi pasaba bajo el tren elevado
que surgía elegante de la torre de la milicia que acechaba
junto a los bloques.
El vehículo se detuvo.
—Hala, señores, aquí se acaba el viaje —dijo el conductor.
Isaac y Lin desembarcaron. A un lado del taxi había una
hilera de limpias casas blancas, cada una con un pequeño
jardín delantero, casi todos ellos bien mantenidos. La calle
estaba adornada con pobladas vainillas. Frente a las casas, al
otro lado del taxi, había un estrecho parque alargado, una
franja de vegetación de unos trescientos metros de anchura
que se alejaba hacia abajo, siguiendo la calle. Aquella enjuta
tira de hierba actuaba como tierra de nadie entre las educadas
casas de la Colina Vaudois, habitadas por burócratas,
doctores y abogados, y el caos desmoronado más allá de los
árboles, a los pies de la colina: Salpicaduras.
—No me extraña que Salpicaduras no sea el lugar más
popular, ¿eh? —suspiró Isaac—. Mira, les han estropeado el
paisaje a estas gentes tan agradables... —lanzó una sonrisa
perversa.
A lo lejos, Lin pudo ver que el límite de la colina quedaba
dividido por la línea Hundida. Los trenes pasaban por un
abismo horadado en el parque de la ladera occidental. El
ladrillo rojo de la estación del Páramo se alzaba junto al
lodazal que era Salpicaduras. En aquel rincón de la ciudad,
las vías pasaban apenas sobre el nivel de las casas, pero no
se necesitaba mucha grandeza arquitectónica para que la
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