Page 35 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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especiales en las puertas de los locales. Sobre los gruesos

            escaparates  de  las  tiendas  había  habitaciones.  Los  viejos

            almacenes  en  la  ribera  habían  sido  remodelados,  y  en  los

            templos a deidades menores aguardaban sótanos ocultos. En
            estos y en otros nichos arquitectónicos, los moradores de la

            Ciénaga  Brock  se  dedicaban  a  sus  negocios:  médicos,

            quimeros,             biofilósofos              y       teratólogos,             químicos,

            necroquímicos,  matemáticos,  karcistas,  y  metalurgos,  y

            chamanes  vodyanoi;  todos  aquellos,  como  Isaac,  cuyas

            investigaciones no encajaran claramente en las innumerables

            categorías teóricas.

                Extraños  vapores  flotaban  sobre  los  tejados.  Los  ríos

            convergentes  a  ambos  lados  discurrían  densos,  emanando

            humo  allá  donde  las  corrientes  mezclaban  productos

            químicos  en  potentes  compuestos.  El  residuo  de

            experimentos fallidos, procedente de fábricas, laboratorios y

            alambiques, se mezclaba al azar en elixires bastardos. En la
            Ciénaga Brock el agua tenía propiedades imprevisibles. Se

            sabía  de  golfillos  que,  rebuscando  en  este  tremedal

            descolorido en busca de tesoros, habían comenzado a hablar

            lenguas muertas hacía mucho, o habían encontrado langostas

            en su pelo, o se habían difuminado lentamente hasta volverse

            traslúcidos y desaparecer.

                Isaac se encaminó por una zona tranquila de la orilla y

            llegó hasta el enlosado descompuesto y las raíces tenaces del

            Paseo Ocre. Al otro lado del Cancro, las Costillas se alzaban

            cientos  de  metros  sobre  las  techumbres  del  Barrio  Oseo,

            como grandes colmillos. El río aceleraba un poco al girar

            hacia  el  sur.  A  menos  de  un  kilómetro  podía  ver  la  Isla

            Strack, rompiendo el flujo en el encuentro con el Alquitrán y




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