Page 38 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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cada vez más, de forma inesperada, por motivos científicos.
Sil le proporcionaba las muestras experimentales que
necesitaba.
Un agua turbia y con olor a orina se derramó desde los
bordes del estanque cuando Sil se contorsionó para encararse
con Isaac.
— ¿Qué tomas? —ladró.
—Kingpin.
Isaac dejó una moneda en la mano de Sil, que sacó una
botella de una de las estanterías tras él. Isaac bebió la cerveza
barata y se deslizó hacia un banco, haciendo un gesto de
disgusto al sentarse sobre un líquido dudoso.
Sil se acomodó en su bañera. Sin mirar a Isaac, comenzó
una idiota conversación monosilábica sobre el clima, sobre
la cerveza. Él hacía todos los honores, mientras Isaac solo
hablaba lo necesario para mantener vivo el discurso.
Sobre la barra había varias figuras toscas, delineadas con
agua absorbida por las vetas de la vieja madera frente a sus
ojos. Dos se disolvían rápidamente, perdían la integridad y
se convertían en meros charcos. Sil tomó despreocupado otro
puñado de su piscina y lo amasó. El agua respondía como
arcilla, manteniendo la forma que él le daba. La mugre y la
decoloración del agua formaban brumas en su interior. El
vodyanoi pellizcó el rostro de la figura para formar una nariz,
y apretó las piernas hasta convertirlas en salchichas.
Depositó el pequeño homúnculo frente a su interlocutor.
— ¿Eso es lo que querías?
Isaac apuró el resto de su cerveza.
—Impresionante, Sil. Muchas gracias.
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