Page 43 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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ausente mientras el animal le lamía la mano, y advirtió a
David de que estaba hambrienta. Se sorprendió por el
silencio. David y Lublamai se habían marchado,
probablemente a por un almuerzo tardío; habían pasado
varias horas desde que llegara.
Se estiró, se acercó a su despensa y le tiró a Sinceridad un
poco de carne seca que el animal comenzó a roer satisfecho.
Isaac comenzaba a ser consciente del mundo que lo rodeaba,
y oía voces a través de las paredes a su espalda.
La puerta se abrió y se cerró de nuevo.
Se apresuró al desembarco de las escaleras, esperando ver
a sus colegas.
Pero era un extraño el que aguardaba en el centro del gran
espacio vacío. Las corrientes de aire se ajustaban a su
presencia, lo investigaban como tentáculos y provocaban
remolinos de polvo a su alrededor. Manchas de luz
salpicaban el suelo desde las ventanas abiertas y los ladrillos
rotos, pero ninguna caía directamente sobre él. La pasarela
de madera crujió cuando Isaac cambió el peso de un pie a
otro. El recién llegado alzó la cabeza para echar atrás la
capucha, con las manos unidas sobre su pecho,
completamente quieto, mirando hacia arriba.
Isaac observó atónito.
Era un garuda.
Casi cayó por las escaleras, tratando de dar con la
barandilla, sin desear apartar la mirada de aquel
extraordinario visitante que lo aguardaba. Tocó tierra.
El garuda le devolvió la mirada. La fascinación de Isaac
derrotó a sus modales, y sus ojos quedaron clavados en él de
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