Page 672 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Y aunque fuera el desierto, aunque fuera un portal al
Cymek más profundo, a los bosques secos y las fértiles
ciénagas, al repositorio de la vida oculta por la arena y a la
gran biblioteca nómada de los garuda, aunque el
Invernadero fuera algo más que una sombra, si fuera el
desierto que se Unge, seguiría sin ser mi hogar.
Ese lugar no existe.
Vagaré durante una noche y un día. Reharé los pasos que
una vez di, a la sombra de las vías el tren. Acecharé la
monstruosa geografía urbana y encontraré las calles que me
dieron cobijo, los pequeños canales de ladrillo a los que
debo mi vida y mi yo.
Encontraré a los vagabundos que compartieron mi
comida, si no están muertos por la enfermedad o
acuchillados para robarles los zapatos manchados de orín.
Se convertirán en mi tribu, atomizados, arruinados,
quebrantados, pero aun así una especie de tribu. Su absoluta
falta de interés en mí (por lo menos) era refrescante tras
varios días escondiéndome cuidadosamente y una hora ó dos
de ostentación con mis agónicas prótesis de madera. No
debo nada a esos tediosos borrachos y drogadictos, pero los
encontraré de nuevo por mi bien, no por el suyo.
Me siento como si recorriera estas calles por última vez.
¿Voy a morir?
Hay dos posibilidades.
Ayudaré a Grimnebulin y derrotaremos a esas polillas,
esas horribles criaturas de la noche, esos devoradores de
almas, y él hará de mí una batería. Me recompensará, me
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