Page 668 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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aéreo. Se tocaban los tentáculos y los miembros,
desplegaban nuevas partes nunca vistas antes. Las tres menos
dañadas arrastraban a su hermana, la víctima de la Tejedora,
por las corrientes de humo y aire. Poco a poco, esta polilla
dejó de gazmiar y lamerse las heridas con la lengua trémula,
y comenzó a tocar a sus compañeras. La carga erótica era
infecciosa.
Aquel cortejo polimorfo a cuatro bandas era tenso y
competitivo. Roces, toques, excitaciones. Cada polilla por
turno ascendía hacia la Luna, perdida en la lujuria. Entonces
rompía el sello de una glándula oculta bajo la cola y exudaba
una nube de almizcle empático.
Sus compañeras lamían el psicoaroma, jugaban como
marsopas en nubes de carnalidad. Giraban y jugaban antes
de alejarse y rociar el cielo. De momento, sus conductos
espermáticos permanecían cerrados. Las pequeñas
metagotas estaban cuajadas de los jugos erógenos,
ovigénicos de las polillas. Competían lúbricas por ser la
hembra.
Cada sucesiva exudación cargaba el aire hasta alcanzar
una nueva cota de excitación. Las criaturas desnudaron sus
dientes de lápida y balaron sus mutuos retos sexuales. Las
húmedas válvulas bajo la quitina rezumaban afrodisíaco. Las
criaturas revoloteaban entre los bancos del perfume de las
demás.
A medida que continuaba el duelo de feromonas, una voz
febril se alzó cada vez más triunfal. Un cuerpo ascendió más
y más e hizo renunciar a sus compañeras. Las emanaciones
inundaban el aire de sexo. Hubo algunos últimos ataques,
llamaradas de desafío erótico. Pero, una tras otra, las demás
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