Page 744 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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de maravilla, la visión de la batalla entre la Tejedora y las
polillas asesinas.
Era una escena primigenia, algo situado mucho más allá
del entendimiento humano. Una visión titilante de cuchillas
de cuerno que se movían demasiado deprisa como para que
un ojo humano pudiera captarlas, una danza de una
complejidad imposible de innumerables miembros que se
desplazaban por diversas dimensiones. Sangres de diferentes
colores y texturas salpicaron las paredes y el suelo y
mancillaron los cuerpos muertos. Detrás de las formas
confusas, enmarcando sus siluetas, el fuego químico siseaba
y se extendía por el suelo de hormigón. Y mientras la lucha
se prolongaba, la Tejedora continuaba cantando su incesante
monólogo:
...OH CÓMO LO LOGRA CÓMO ME LLEVA AL
ÉXTASIS BURBUJEO Y HIERVO ESTOY BORRACHA
EBRIA DE MIS JUGOS Y DEL FERMENTO DE ESTOS
ALETEANTES DEMENTES... cantaba.
Isaac contemplaba asombrado. Estaban ocurriendo cosas
extraordinarias. Las estocadas y las acometidas continuaban
con fervor, pero ahora las polillas asesinas estaban azotando
el aire con sus vastas lenguas, adelante y atrás una vez tras
otra. Las pasaban con la velocidad del rayo sobre el cuerpo
de la Tejedora mientras esta parpadeaba entrando y saliendo
del plano material. Isaac vio que sus estómagos se distendían
y contraían, las vio lamer el estómago de la Tejedora en toda
su extensión y entonces retroceder tambaleándose, como si
estuvieran borrachas, y luego regresar con vigor y volver a
atacar.
La Tejedora aparecía y desaparecía de la vista, estaba un
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