Page 749 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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estamos muertos. De uno en uno —agarró a Yagharek y
apoyó los brazos contra la espalda del garuda—. Tú primero,
Yag. Eres más rápido y más difícil de ver. Vete. Vete. —
Empujó a Yagharek a la calle.
Yagharek no era torpe de pies. Ganó rápida y fácilmente
velocidad. No era una huida empujada por el pánico que
pudiera llamar la atención. Mantuvo un paso lo
suficientemente lento como para que, si uno de los cactos
entrevia movimiento, pudiera pensar que se trataba de uno
de ellos. Las sombras y la inmovilidad seguían barnizando
su figura fugaz.
Había más de doce metros hasta la oscuridad. Isaac
contuvo el aliento mientras observaba cómo se movían los
músculos bajo la espalda de Yagharek, erizada de cicatrices.
Los cactos estaban farfullando en su áspera jerga,
discutiendo sobre quién iba a entrar. Dos de ellos llevaban
enormes martillos y se estaban turnando para echar abajo la
entrada tapiada de la última de las casas, donde, por lo que
Isaac sabía, las polillas asesinas y la Tejedora seguían
interpretando juntas una danza mortal.
La oscuridad del paseo aceptó a Yagharek.
Isaac respiró profundamente y se precipitó también hacia
ella.
Se alejó a un trote rápido de la puerta, entró en la calle,
confiando en que su extraña capa de sombras se hiciera más
intensa. Comenzó a correr hacia el paseo.
Mientras alcanzaba el punto medio de la intersección, se
escuchó un golpeteo, una tormenta de alas. Isaac miró hacia
atrás y hacia arriba, a la ventana situada sobre el vértice del
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