Page 768 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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No sabía si la proclama de la Tejedora, canturreada aquella

            noche fantasmal en el Invernadero, había sido una especie de

            invitación.  Pero  esperaba  que  al  responder  a  ella  pudiese

            convertirla  en  una,  cambiando  los  patrones  de  la  tela  del
            mundo, tejiéndola en una conjunción que pudiera, confiaba,

            complacer a la diosa.


                Tenía que ver a la magnífica araña. Necesitaba la ayuda de

            la Tejedora.




                A  mitad  de  la  noche  pasada,  Isaac  y  sus  camaradas  se

            habían  percatado  de  que  la  tensión  de  la  oscuridad,  la
            enfermiza e incómoda sensación que flotaba en el aire, la

            oleada  de  pesadillas,  había  regresado.  El  ataque  de  la

            Tejedora  había  fallado,  tal  como  ella  había  predicho.  Las

            polillas seguían con vida.

                A Isaac se le había ocurrido que su sabor debía de serles

            conocido  ahora,  que  lo  reconocerían  como  el  que  había

            destruido sus huevos. Quizá debería haber estado petrificado

            de miedo, pero no era así. Se había marchado a solas de la

            casucha junto a las vías.


                Puede que sean ellas las que me temen, pensó.

                Flotaba  a  la  deriva  sobre  el  río.  Una  hora  pasó  y  los

            sonidos de la ciudad crecieron invisibles a su alrededor.




                Un sonido burbujeante lo perturbó.

                Se apoyó con lentitud sobre un codo mientras su mente

            recuperaba a toda velocidad la lucidez. Se inclinó sobre la

            barandilla del bote.


                Yagharek  todavía  era  visible,  su  postura  no  había


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