Page 770 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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la oportunidad para hablar.
— Me alegro de verte, Tejedora. Recordaba nuestro
acuerdo —respiró profundamente—. Necesitaba hablar
contigo —dijo. El canturreo zumbante de la Tejedora se
reinició e Isaac se esforzó por comprender, por traducir el
hermoso galimatías en algo que tuviera sentido, en
responder, en hacerse oír.
Era como mantener una conversación con un durmiente o
con un loco. Era difícil, agotador. Pero podía hacerse.
Yagharek escuchó el apagado parloteo de unos niños que
iban al colegio. Caminaban en algún lugar detrás de él, donde
una senda cruzaba la hierba de la ribera.
Sus ojos parpadearon y se posaron sobre el otro lado del
agua, donde los árboles y las amplias y blancas calles de la
Colina de la Bandera se alejaban de las aguas en una suave
inclinación. También allí el río estaba bordeado por una
franja de hierba, pero en ella no había sendas ni niños. Solo
las silenciosas casas separadas por vallas.
Yagharek juntó ligeramente las rodillas y se embozó en su
apestosa capa. Quince metros más allá, en el río, la
embarcación de Isaac parecía inmóvil de una manera casi
sobrenatural. La cabeza de Isaac había aparecido
temerosamente sobre la borda hacía algunos minutos y ahora
permanecía asomada ligeramente sobre el borde del viejo
bote, mirando en dirección contraria a Yagharek. Parecía
como si estuviera absorto en la contemplación de una
extensión de agua, algún resto flotante.
Debía de ser, se percató Yagharek, la Tejedora, y sintió
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