Page 765 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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Las farolas se apagaron con un parpadeo por toda la ciudad
y el sol apareció sobre el Cancro. Dibujó la forma de una
pequeña barcaza, poco más que una balsa, que se balanceaba
en el frío oleaje.
Era una de las muchas que atestaban los ríos gemelos de
Nueva Crobuzon. Abandonadas en el agua para pudrirse, las
carcasas de los antiguos botes flotaban al azar con la
corriente, tirando sin demasiada convicción de olvidadas
amarraderas. Había muchas de estas embarcaciones en el
corazón de Nueva Crobuzon, y los moradores del barro se
desafiaban entre sí a atreverse a nadar hasta ellas o a caminar
por los viejos cabos que las ataban sin que hubiera ya razón
alguna para ello. A algunas de ellas las evitaban susurrando
que eran la morada de monstruos, las guaridas de los
ahogados que no aceptarían que estaban muertos a pesar de
estar pudriéndose.
Esta estaba cubierta por un tejido antiguo y rígido que olía
a aceite, podredumbre y grasa. Su vieja piel de madera estaba
empapada de agua del río.
Escondido bajo la sombra del alquitranado, Isaac yacía
contemplando el rápido paso de las nubes. Estaba desnudo y
casi por completo inmóvil.
Había permanecido allí durante algún tiempo. Yagharek
lo había acompañado hasta la orilla del río. Se habían
arrastrado durante más de una hora a través de la agitada y
cambiante ciudad, a través de las calles familiares de la
Ciénaga Brock y por todo Gidd, sobre las líneas de tren
subterráneas y junto a las torres de la milicia, hasta llegar por
fin a los márgenes exteriores de Cuña del Cancro. A menos
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