Page 767 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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tajada de espacio que discurría cuesta abajo hacia las
arremolinadas aguas. No les había sido difícil encontrar un
bote abandonado, aunque en aquel lugar no había ni una
pequeña fracción de los muchos que poblaban las riberas de
la zona industrial de la ciudad.
Después de dejar a Yagharek vigilando desde debajo de su
andrajosa capa como una especie de vagabundo inmóvil,
Isaac había seguido su camino hasta la orilla del río. Había
una franja de hierba y otra de grueso barro entre el agua y él,
y mientras caminaba se había ido quitando la ropa y
guardándola bajo el brazo. Cuando por fin llegó al Cancro,
estaba completamente desnudo bajo la menguante oscuridad.
Sin vacilar, reuniendo todas sus fuerzas, había entrado en
el agua.
Había sido una travesía corta y fría hasta el bote. La había
disfrutado, solazándose en la sensación, en el río negro que
le limpiaba la porquería de la alcantarilla y los días de mugre.
Había arrastrado la ropa detrás de sí, confiando en que el
agua empapase las fibras y la limpiase.
Había trepado por un costado de la balsa, y mientras se
secaba le había hormigueado la piel. Yagharek era apenas
visible, inmóvil, vigilante. Isaac había dejado sus ropas a su
alrededor y había tirado un poco del alquitranado para
extenderlo sobre él, de modo que pudiera tenderse bajo su
sombra.
Contempló la llegada de la luz por el este y tiritó mientras
la brisa le ponía la piel de gallina.
—Aquí estoy —murmuró—. Desnudo como un muerto al
amanecer del río. Como se me ordenó.
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