Page 872 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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entonces, repentinamente, a siete y a tres. La contempló con
pavoroso asombro. Parecía moverse de forma deslizante
mientras el tiempo se extendía a su alrededor, fino y muy
lento. Isaac vio las patas, medio simiescas y prensiles, y la
cola dentada, la enorme boca y los dientes castañeteantes, las
cavidades oculares con sus torpes racimos de antenas como
gusanos aturdidos, un centenar de extrusiones de carne que
lanzaban latigazos y se desplegaban y apuntaban y
retrocedían en un centenar de movimientos misteriosos... y
las alas, aquellas prodigiosas, temibles alas, constantemente
cambiantes, empapadas con un oleaje de colores inauditos
que brotaban y retrocedían como bruscas tormentas.
Observó a la polilla directamente, olvidando los espejos
que había frente a sus ojos. La cosa no tenía tiempo para él.
Lo ignoró.
Se quedó helado un instante, sumido en un terror de
recuerdos.
La polilla asesina pasó volando a su lado y levantó una
gran ráfaga de viento que hizo aletear sus cabellos y su
abrigo.
La embriagada criatura de innúmeros miembros se
precipitó hacia delante, desenrolló su enorme lengua,
escupió y castañeteó de hambre obscena. Cayó sobre Andrej
como un espíritu de pesadilla, se aferró a él y trató
desesperadamente de beber.
Mientras su lengua se deslizaba con rapidez por todos los
orificios del anciano, cubriéndolo con una espesa saliva
cítrica, otra polilla se escoró en el aire, chocó contra la
primera y luchó con ella por la posición sobre el cuerpo de
Andrej.
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