Page 873 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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El  anciano  se  sacudía  nerviosamente  mientras  sus

            músculos  trataban  de  encontrarle  sentido  a  la  oleada  de

            estímulos  absurdos  que  los  envolvían.  El  torrente  de  las

            ondas  mentales  de  Tejedora/Consejo  se  derramaba  en  su
            cráneo y brotaba de él.


                El  motor  que  yacía  sobre  la  plataforma  traqueteó.  Se

            estaba  calentando  peligrosamente  mientras  sus  pistones

            luchaban  por  retener  el  control  de  la  enorme  oleada  de

            energía de crisis. La lluvia se evaporaba en cuanto lo tocaba.

                Mientras la polilla se acercaba para aterrizar, la pugna por

            alimentarse en la boca de la fuente, en la seudomente que

            brotaba del cráneo de Andrej, continuaba. En un movimiento

            irritado y convulso, la primera polilla apartó de un golpe a la

            otra un par de metros y, desde donde había caído, esta lamió
            ansiosamente la parte trasera de la cabeza de Andrej.


                La primera polilla introdujo su lengua en la boca babeante

            del anciano y luego la sacó con un repulsivo plop para buscar

            otra entrada. Por fin encontró la pequeña salida en el casco,
            desde  la  cual  brotaba  la  riada  de  energía,  cada  vez  más

            intensa. Deslizó la lengua por la entrada y alrededor de las

            esquinas  dimensionales,  entrando  y  saliendo  del  éter,

            haciendo rodar el sinuoso órgano alrededor de los múltiples

            planos del fluido.


                Chilló de placer.

                Su  cráneo  vibraba  en  su  carne.  Goterones  de  intensas

            ondas  mentales  artificiales  chorreaban  por  su  garganta  y

            goteaban invisibles por las comisuras de su boca, un chorro

            ardiente  de  dulces  e  intensas  calorías-pensamiento  que  se
            derramaba y se derramaba en su vientre, más poderoso, más

            concentrado que su alimento cotidiano en un factor vasto y



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