Page 875 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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el ululante chillido sin palabras de un cazador que se ha
cobrado su presa. Debajo de ellos, los milicianos se
detuvieron. No podían ver lo que había ocurrido, pero los
repentinos gritos de triunfo les habían alarmado.
La segunda polilla estaba trepando sobre el cuerpo de su
hermana muerta, lamiendo y chupando. El motor de crisis
seguía sonando; Andrej todavía se arrastraba, agonizante,
bajo la lluvia, ajeno a lo que estaba ocurriendo. La polilla
asesina arañaba el aire en busca del continuo flujo.
La tercera polilla llegó, rociando agua de lluvia en todas
direcciones con el furioso batir de sus alas. Se detuvo durante
una fracción de segundo, mientras saboreaba en el aire la
muerte de la otra polilla, pero el tufo de aquellas asombrosas
ondas Tejedora/Consejo resultaba irresistible. Se arrastró
sobre los pegajosos y resbaladizos intestinos de la polilla
caída.
Su hermana fue más rápida. Encontró la tubería de salida
del casco, hundió la boca en el embudo y ancló su lengua al
tubo como una especie de vampírico cordón umbilical.
Tragó y chupó, hambrienta y excitada, borracha, devorada
por el deseo.
Estaba presa. No pudo resistirse cuando la potencia del
alimento empezó a abrir un agujero en las paredes de su
estómago. Gimió y vomitó, mientras los glóbulos
metadimensionales de patrones cerebrales volvían a
ascender por su esófago y se encontraban con el torrente que
seguía succionando como si fuera néctar, convergían en su
garganta y la ahogaban, hasta que la suave piel de su cuello
se distendió y desgarró.
Empezó a sangrar y a morir por la descuartizada
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