Page 896 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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madera. Esta vez estuvo quieto mucho más tiempo. La puerta
tenía varios cerrojos y Yagharek trasteó con los sencillos
mecanismos deslizantes. Había también un grueso candado,
pero descansaba abierto sobre uno de los cerrojos, como si lo
hubieran dejado así solo por un momento. Yagharek empujó
lentamente la puerta. Asomó la cabeza por la abertura y
permaneció así, medio dentro medio fuera de la habitación,
durante un momento desconcertantemente prolongado.
Cuando se retiró, se volvió hacia ellos.
—Isaac —dijo con voz queda—. Será mejor que vengas.
Isaac frunció el ceño y se adelantó, mientras su corazón
latía con fuerza en su pecho.
¿Qué ocurre?, pensó. ¿Qué está ocurriendo? (pero
incluso mientras lo pensaba, una vocecilla en lo más
profundo de su mente le decía lo que lo esperaba y no la oía
del todo y no la escuchaba en absoluto por miedo a que
estuviera equivocada).
Empujó la puerta, pasó junto a Yagharek y entró con
vacilaciones en la habitación.
Era un ático alargado y rectangular, iluminado por tres
lámparas de aceite y las delicada volutas de luz de gas que se
abrían camino hasta allí desde la calle, y a través de la
ventana mugrienta y sellada. El suelo estaba cubierto por una
mezcla de trozos de metal y desperdicios. La habitación
apestaba.
Isaac solo era vagamente consciente de todo esto.
En una esquina apenas iluminada, de espaldas a la puerta,
arrodillada y masticando, con la espalda y la cabeza y la
glándula pegadas a una escultura extraordinariamente
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