Page 892 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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conectaban cada momento con todos los demás.
Recordaba el vertiginoso abismo en el que se había
sumido su alma al ver por primera vez la telaraña global.
Recordaba unas náuseas que habían arruinado su existencia
al encontrarse ante aquella vista imposible. Pugnó por no
abrir los ojos. Podía escuchar los balbuceos imprecadores
que susurraban Yagharek y Derkhan. Se arrastraban hasta
sus oídos no como sonidos, sino como insinuaciones,
fragmentos flotantes de seda que se deslizaban al interior de
su cráneo y se volvían claros para él. Había otra voz, una
cacofonía dentada de un tejido brillante que aullaba de terror.
Se preguntó quién podría ser.
La Tejedora se movió rápidamente a lo largo de pulsantes
hebras que seguían el daño y la potencialidad de daño que la
polilla asesina había causado y podía volver a causar.
Desapareció en un agujero, un turbio embudo de conexiones
que serpenteaba a través de la materia de esa compleja
dimensión y
volvió a emerger en la ciudad.
Isaac sintió el aire contra su mejilla, madera bajo sus pies.
Despertó y abrió los ojos.
Le dolía la cabeza. Levantó la mirada. Su cuello se
tambaleó hasta que se acostumbró al peso del casco, que
llevaba todavía en la cabeza y cuyos espejos seguían
milagrosamente intactos.
Estaba tendido sobre un rayo de luz de luna, en un pequeño
y sucio ático. A través de las paredes y el suelo se filtraban
los sonidos del lugar.
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