Page 891 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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regresaron a ella.

                Estaba  completamente  acobardada.  Buscaba  refugio.

            Anhelaba  un  nido,  algún  lugar  en  el  que  yacer  inmóvil,

            recuperarse. Algún lugar familiar en el que pudiese tenderse

            y dejar que se ocuparan de ella. En su miseria, recordó su

            cautiverio  bajo  una  luz  selectiva  y  deformada.  Allí,  en  el

            Barrio  Óseo,  había  sido  alimentada  y  limpiada  por

            cuidadores atentos. Aquel lugar había sido un santuario.

                Asustada,  hambrienta  y  ansiosa  por  encontrar  alivio,

            conquistó el miedo que le causaban las Costillas del Barrio

            Óseo.

                Puso rumbo al sur, sintiendo su camino con la lengua a

            través de rutas medio olvidadas en el aire, esquivando los

            huesos en busca de un edificio oscuro situado en una pequeña

            avenida, una terraza de propósito incierto cubierta de brea

            por la que había salido a rastras semanas atrás.

                La polilla asesina viró nerviosamente sobre la peligrosa

            ciudad y se dirigió a casa.




                Isaac se sentía como si llevara varios días dormido y se

            estiró  de  forma  negligente,  dejando  que  su  cuerpo  se

            deslizara adelante y atrás.

                Escuchó un grito pavoroso.


                Se quedó helado mientras los recuerdos regresaban a él en

            torrentes,  le  dejaban  saber  cómo  había  llegado  hasta  allí,

            hasta  los  mismos brazos  de la  Tejedora (se agitó y
            convulsionó al recordarlo todo).


                La araña estaba caminando rápidamente sobre la telaraña

            del mundo, escabulléndose entre filamentos metarreales que



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