Page 956 - La estacion de la calle Perdido - China Mieville
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en ella cuando yacía atontada.

                Su rabia fue extraordinaria, asombrosa. Me abrió los ojos

            a lo que había hecho.




                La vergüenza me ha envuelto desde aquel día. El

            remordimiento solo tardó un poco en seguirla. Se reúnen a

            mi alrededor como si pudieran reemplazar mis alas.




                El voto de la bandada fue unánime. No negué los hechos

            (la idea pasó por mi mente durante un breve momento y una

            oleada de aborrecimiento hacia mí mismo me hizo vomitar).

                No podía haber dudas sobre el juicio.


                Sabía que era la decisión correcta. Pude incluso mostrar
            un poco de dignidad, apenas un diminuto jirón, mientras

            caminaba entre los ejecutores electos de la ley. Caminé

            lentamente, arrastrando los pies a causa de los enormes

            pesos de lastre que me atenazaban para impedir que volara

            y huyera, pero lo hice sin pausa y sin queja.


                Solo vacilé al final, cuando vi las estacas que me
            condenarían a la ardiente tierra.




                Tuvieron que arrastrarme los últimos cinco metros, hasta

            el lecho seco del Río Fantasma. Me debatí y luché a cada

            paso. Supliqué una misericordia que no merecía. Estábamos

            a un kilómetro de nuestro campamento y estoy seguro de que

            la bandada escuchó hasta el último de mis gritos.




                Me tendieron con los brazos en cruz, el vientre sobre el




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