Page 689 - El Zoo De Papel Y Otros Relatos - Ken Liu
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demás continuaron avanzando, arrastrando los
cadáveres con sus cadenas, suplicándonos que los
dejásemos salir. Comenzaron a trepar hacia nosotros
por el montón de rocas.
El hombre del extremo de la cadena ya estaba a tan
solo unos pocos metros de nosotros, y en ese último
cono de luz que todavía proyectaba la pequeña
abertura, vi su rostro, crispado por el miedo.
«Por favor, por favor, déjame pasar. Yo solo robé
algo de dinero. No merezco morir», suplicó.
Me habló en hokkien, mi lengua materna, y eso me
causó una tremenda conmoción. ¿Acaso era un criminal
común de mi propio país, de Formosa, en lugar de un
comunista chino de Manchuria?
Alargó la mano hacia la abertura y empezó a retirar
rocas, para agrandarla y poder pasar. El cabo me gritó
que lo detuviera. El nivel del agua continuaba subiendo.
Detrás del hombre, el resto de la cadena de prisioneros
trepaba para ayudarle.
Levanté una pesada roca que tenía cerca y aplasté
con ella las manos del hombre que se aferraba a la
abertura. El prisionero lanzó un alarido y cayó hacia
atrás, arrastrando con él al resto de sus compañeros. Oí
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