Page 28 - COELHO PAULO - El Demonio Y La Srta Prym 4.RTF
P. 28
cigarrillos olvidado en una mesa, pero sabía que
su dueño volvería a buscarlo, y no deseaba que
desconfiaran de ella. Viscos era así: un paquete
medio vacío tenía un dueño, si encontraban un
botón de algún abrigo, era necesario guardarlo
hasta que alguien volviera para reclamarlo, debían
devolver el cambio exacto, no les estaba permitido
redondear la cuenta. ¡Maldito pueblo, donde todo
era previsible, organizado, digno de confianza!
Como vio que no conseguiría dormir, volvió a
rezar y a pensar en su abuela, pero su pensamiento
se había detenido en una escena: el agujero
abierto, el metal sucio de tierra, la rama que
sujetaba su mano, como el bastón de una peregrina
a punto de marcha. Se adormeció y despertó varias
veces, pero fuera todo continuaba en silencio y la
misma escena se repetía sin cesar dentro de su cabeza.
Tan pronto como percibió que la primera
claridad de la mañana entraba por la ventana, se
vistió y salió.
A pesar de que vivía en un pueblo donde la
gente se levantaba al salir el sol, aún era
demasiado temprano. Caminó por la calle vacía,
mirando atrás varias veces, para asegurarse de que
el extranjero no la estaba siguiendo, pero la
niebla no le dejaba ver más allá de algunos pocos
metros. Se detenía de vez en cuando, intentando
escuchar pasos, pero sólo oía los latidos
descompasados de su corazón.
Se internó en el bosque, fue hasta la formación
rocosa en forma de “Y” -algo que siempre la ponía
nerviosa, ya que parecía que las rocas podían
desprenderse en cualquier momento-, cogió la misma
rama que había dejado allí la noche anterior, cavó
exactamente en el mismo lugar que le había indicado
el extranjero, introdujo la mano en el agujero y
retiró el lingote en forma de ladrillo. Algo le
llamó la atención: el silencio se mantenía en
pleno bosque, como si allí hubiera alguna

