Page 215 - 14 ENRIQUE IV--WILLIAM SHAKESPEARE
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               Enrique IV                             donde los libros son gratis

               entonces a mí tomando vuestro partido y, en uso de vuestra autoridad,
               reduciendo vuestro hijo dignamente al silencio. Después de ese frío
               examen, sentenciadme y, como sois rey, declarad, en esa calidad, lo
               que haya hecho que menoscabe mi puesto, mi persona o a la soberanía
               de mi señor.
               REY ENRIQUE.- Estáis en la verdad, Juez, y pensáis muy bien las
               cosas. Conservad, pues, la balanza y la espada. Deseo que vuestros
               honores se acrecienten hasta que viváis bastante para ver un hijo mío
               ofenderos y obedeceros como lo he hecho. Pueda yo también vivir para
               repetir las palabras de mi padre: Feliz soy en tener un servidor tan
               enérgico para tener el valor de hacer justicia en mi propio hijo y no
               menos feliz en tener un hijo que así entrega su grandeza al brazo de
               la justicia.  Me habéis hecho, arrestar; por eso coloco en vuestras
               manos la inmaculada espada que estáis habituado a llevar con esta
               recomendación: que la uséis con el mismo enérgico, justo e imparcial
               espíritu, con que lo habéis hecho contra mí. He aquí mi mano; seréis
               un padre para mi juventud; mi voz hará oír aquello que insinuéis a mi
               oído y sujetaré humildemente mis propósitos a la sabia dirección de
               vuestra experiencia y vosotros todos, príncipes, creedme, os lo ruego.
               Mi padre ha llevado consigo a la tumba mis desenfrenos, porque es
               allí que reposan mis afecciones. Yo sobrevivo con su reposado
               espíritu, para burlarme de la expectativa del mundo, para frustrar las
               profecías, para destruir la carcomida sentencia que me ha condenado
               según mis apariencias. En mí, la ola de la sangre ha rodado hasta
               ahora locamente en vanidad; ahora se vuelve y refluye hacia el mar,
               dónde va a confundirse en el dominio de las olas y correr en adelante
               en la calma de la majestad. Convoquemos ahora nuestra alta corte del
               parlamento y elijamos de tal manera los miembros del noble Consejo,
               que el gran cuerpo de nuestra nación pueda marchar en el mismo
               rango que los países mejor gobernados; que la guerra o la paz, o
               ambas a la vez, sean para nosotros cosas familiares y conocidas, (al
               lord Justicia) En lo que, padre, tendréis la alta mano. Hecha nuestra

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