Page 90 - 14 ENRIQUE IV--WILLIAM SHAKESPEARE
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MENSAJERO.- Hacía cuatro días que la guardaba, milord, cuando me
puse en camino. Y hasta el momento de mi partida, los médicos
estaban muy inquietos por él.
WORCESTER.- A la verdad, habría deseado ver nuestras cosas en
buen estado, antes que la enfermedad le visitase. Nunca como ahora
fue su salud tan preciosa.
HOTSPUR.- Enfermo ahora! Desfallecer en este momento! Esa
enfermedad infecciona la sangre vital misma de nuestra empresa,
llega hasta nosotros, hasta nuestro campamento. Me escribe aquí que
su enfermedad es interna, que sus amigos no podrían ser reunidos por
otro con la rapidez necesaria y que no ha juzgado conveniente confiar
una misión tan delicada y ardua a otra autoridad que la suya. Sin
embargo, nos envía el atrevido consejo de ensayar, con nuestras pocas
fuerzas reunidas, de ver como está la Fortuna dispuesta hacia
nosotros. Por que, escribe, ya no es tiempo de retroceder, estando el
rey en el secreto de todos nuestros planes. Qué decís de esto?
WORCESTER.- La enfermedad de vuestro padre es una mutilación
para nosotros.
HOTSPUR.- Una cuchillada peligrosa, un verdadero miembro
amputado. Y sin embargo, no, por mi fe. La necesidad de su presencia
parece menor que lo que la creemos. Será bueno arriesgar la fortuna
de todos nuestros estados en un solo golpe? Jugar tan rica presa al
vidrioso azar de una hora incierta? No creo, convenga; porque
pondríamos en evidencia el fondo mismo y el alma de nuestras
esperanzas, el límite, el más lejano término de todas nuestras fortunas.
DOUGLAS.- En verdad, así sería; mientras que aun tenemos una
buena reserva, podemos gastar audazmente en la esperanza de lo que
nos reserva el porvenir. Tenemos aquí la viva certidumbre de una
buena retirada.
HOTSPUR.- Un lugar de cita, un sitio de retiro, si el diablo y la mala
suerte amenazan la virginidad de nuestra empresa.
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